Influencias

jueves, 2 de agosto de 2007

HISTORIAS IMPOSIBLES QUE SOÑÉ: ELENA


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Todo empezó como un juego. Conocí a Julián en la universidad, en ese tiempo yo no quería una relación seria y él venía saliendo de una traumática. Así fue como nos convertimos en amantes, él siempre venía a mi departamento. Cómo no existía ningún tipo de compromiso, no teníamos tapujos en saber todos los detalles de la vida del otro. Así pasaron tres años.

Con el tiempo me di cuenta de que estaba enamorada de Julián. Sin embargo, me confesó que él no me correspondía, porque seguía enamorado de su ex polola. Cada uno terminó su carrera y a mi me salió la oportunidad de irme a estudiar un posgrado a Nueva Zelanda, con posibilidad de quedarme trabajando. Es posible que no vuelva nunca más.

Cuando se lo comenté, no le causó mucha gracia. Me felicitó y me dijo que estaba feliz por mí, que aprovechara la oportunidad de conocer y viajar. Eso era lo que yo ESPERABA escuchar. Sin embargo, lo que yo QUERÍA escuchar era “Por favor, Elena, no te vayas”.

La semana pasada me hicieron una despedida. Se notó que feliz - feliz no estaba. Yo tampoco, pero se limitó a desearme lo mejor y a pedirme que no deje de escribir, mandar fotos, o que se yo… leseras que la gente dice pa’ rellenar. Cuando se fue, me abrazó y casi me pongo a llorar, pero me aguanté, no puedo dejar de ser estoica hasta el final.

Llevo horas esperando que me llamen a embarcar el vuelo. Estoy leyendo el último diario con noticias chilenas que veré en haaaaaaaaaarto tiempo, pa’ variar sale un artículo de la Bolocco. También me quemé la lengua con un café que me compré, incluso invoqué a mi madre cuando el oscuro líquido entró en contacto con mi boca (Nota para el próximo viaje: dejar enfriar una hora el café antes del primer sorbo, a menos que pretenda quedar muda).

Frente a mis cansados ojos tengo un tremendo letrero que me prohíbe fumar. Esto es grave: por ley me niegan el único ansiolítico que tengo a mano y no puedo dejar de mover mis pies. No le tengo miedo a los aviones, ni a las alturas, tampoco sufro de vértigo. Es sólo que estoy esperando un milagro.

“Soñar es gratis”. Esa frase es una soberana mentira: soñar cuesta, y caro. Sobre todo cuando una comienza a fantasear con cosas que no están a su alcance, a pensar en lo que podría pasar; pero al final, sólo pasa en nuestra cabeza. Pero una se da cuenta de eso después de pegarse el costalazo. Por lo tanto, soñar duele y mucho.

Sin querer queriendo, me imagino que estoy apunto de entregar el pasaje en el mesón, cruzar la línea amarilla que separa Chile del territorio aéreo internacional y que justo en ese momento llega Julián y me obliga a no subir a ese avión.

Antes me pasaba el rollo de que yo estaba en el altar, frente al cura a punto de decir “sí, acepto” y de la nada aparecía él para impedir que yo me casara. Ese es el problema de tener tanta imaginación: una no puede controlar la cantidad de estupideces en las que piensa.

Por fin en Lufthansa llaman para abordar y yo no sé si seguir esperando o partir. La decisión ya está tomada: si subo al avión, no voy a volver; si cruzo esa línea, no voltearé hacia atrás. Por otro, lado me niego a abandonar este aeropuerto, porque en el fondo de mi corazón me niego rotundamente a la resignación, es una palabra que detesto con toda mi alma.

1 comentario:

  1. Puta estas son las situaciones donde uno espera que se de ese algo que nunca se da...quien sabe si el tipo estaba en su casa esperando lo mismo..que Elena llegara a su casa diciendo que no se iba y que el ya no amaba a su ex...la vida es tan confusa a veces.-

    Cuídate.-

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