Influencias

lunes, 6 de agosto de 2007

HISTORIAS IMPOSIBLES QUE SOÑÉ: ESPERANZA

A sus 17 años, Esperanza no hacia honor a su nombre. Era una persona solitaria y no confiaba en la gente. A pesar de tener pololo, no confiaba en él, en lo absoluto. Estaba con él para saber que se siente llevar una relación, pero nada más.
Esa nublada mañana su madre la dejó en la puerta del colegio, junto a su hermana de 5 años, pero Esperanza no entró. En la otra cuadra la esperaba Andres para atravesar Santiago con ella y llegar al hotel Sheraton.

Ese día era la única presentación de Daniel, un cantante que sólo utilizaba una guitarra acústica. Esta visita era parte de su gira por el país. Esperanza tenía su habitación tapizada con sus fotos, había comprado todos sus discos. Sin embargo, para ella habría sido imposible juntar la plata para entrar a la presentación. Además, en su casa jamás le darían permiso para faltar al colegio.

La pareja llegó al hotel y los guardias no dejaron entrar a Esperanza al verla con uniforme. Como ella es una chica inteligente, logró escabullirse para entrar a través de las cocinas y los depósitos de descarga.

Por horas esperaron en el salón destinado para el evento. No obstante, Esperanza tuvo que arrancar de su acompañante, ya que este insistía en hacer cosas para las cuales ella no se siente preparada, mientras la arrinconaba contra la pared.

- Me lo debes, por obligarme a acompañarte a ver a este mamón...

- Yo no te pedí que lo hicieras, podía llegar sola.

- Me cae mal este weón. Como la depresión vende... Ya po, dame un besito...

- Ay, déjame ¿ya?, dijo enojada.

Salió corriendo por el hall y los corredores para esconderse tras la primera puerta que le indicaba un baño. Se apoyó tras de esta, gimiendo por el cansancio.

Al otro extremo vio a un hombre inyectándose un líquido blanco en el brazo. Cuando terminó su operación, sacó una pistola de su chaqueta y la puso en su sien. En el bolsillo de su pantalón guardaba una nota pidiendo que sus ganancias se destinaran a una fundación de caridad. Se trataba de una persona joven, de unos treinta y tantos, vestido con jeans, polera y zapatillas converse. Tenía cara de desesperación y el pelo sucio. Esperanza no podía creerlo: era Daniel, quien estaba a punto de jalar el gatillo.

- ¿Daniel?

- Sal de aquí, este es el baño de hombres..

- No puedo. Mi pololo me persigue. Quiere llevarme a un motel y yo no quiero (su rostro denotaba angustia). No quiero salir.

- Me interrumpiste cuando estaba... No importa. Cuántos años tienes...

- 17

- Yo tengo...

- 34, dijeron los dos al mismo tiempo.

Daniel puso atención en esta niña, vestida de escolar y se imaginó las peripecias que la chica tuvo que hacer para llegar hasta ese punto de Santiago. De pronto fijó su melancólica mirada en unas pintitas rojas en la parte baja de la blanca manga de su blusa escolar. Esperanza se sintió descubierta y con verguenza trató de esconder su brazo.

- No te preocupes, yo también lo hago con frecuencia - Señaló Daniel, levantando se la manga del polerón y dejando al descubierto su brazo lleno de cicatrices lineales - Sólo espero que no lo hagas escuchando mis canciones, porque eso me haría sentir más culpable...

- ¿Por qué estabas tratando de suicidarte?, preguntó ella.

- Porque ya no soporte sentirme tan solo y tan desgraciado - suspiró, tratando de no quebrarse ante la adolescente.

- Tú no estás solo. Cómo te lo explico... Pienso que tienes un don, eres capaz de conmover con las canciones que escribes. Eres tan expresivo cuando cantas y tocas tu guitarra, que a veces pienso que entiendo lo que sientes. Mi pololo cree que eres un mamón que se hace el depresivo para ganar plata, pero yo no lo veo así.

- Mira, yo nunca pensé llegar a esto. Es decir, la música es mi valvula de escape para no volverme loco. Sin embargo, no creo ser tan talentoso para merecer toda esta fama.

- Daniel, tú estás en este lugar por la misma razón que todos nosotros... todos tenemos una misión que cumplir en este mundo. Te lo dice alguien con dos intentos de suicidio y un lavado de estómago en el cuerpo.

- Sí, pero hay gente que lucha todos los dias contra la muerte en las salas de urgencia, rescatando a otros del fuego... yo no hago nada de eso.

En ese momento, Daniel se puso a llorar como un niño y por horas estuvo contándole su vida a Esperanza, quien sólo se dedicó a escuchar sin emitir comentarios. A cierta hora tocaron la puerta en forma insistente. Ella trató de esconderse, pensando que se trataba de Andrés.

- Si quieres, yo le pego - afirmó Daniel.

- ¿Estás loco? Es un gorila de dos metros, está en la Fuerza Aérea. No lo hagas.

La niña se escabulló en uno de los cubículos del baño y Daniel abrió la puerta. Era su manager que lo buscaba desesperado: era tiempo de subir al escenario.

- Un momento. Necesito a alguien de seguridad.

De la nada apareció un guardia y el artista le dio unas indicaciones. Sin embargo, desubrió los pies de Esperanza y trató de llevársela, argumentando que era su trabajo.

- Ella no va a ninguna parte - dirigiéndose a su manager - ¿Ves a esta niña? Memorizate bien su cara, porque de ahora en adelante yo no actúo en ningún lugar de Santiago donde ella no esté.

Desde ese día, Esperanza se transformó en la fotógrafa oficial de todas sus presentaciones y en el backstage conversaban hasta altas horas de la noche. Andrés desapareció de escena en la obra de teatro que era su vida y sus padres tuvieron que resignarse a su nueva faceta de "fan número uno".

Por su lado, una noche Daniel se emborrachó en un bar. Le dijo a su manager que se sentía atraído por alguien que no estaba a su alcance por ser menor de edad y por su condición de alcohólico-drogadicto.

- Espera que cumpla su mayoría de edad, mientras INTENTAS completar un tratamiento de rehabilitación. Le recomendó quién era lo más cercano que tenía a un amigo.
Daniel desapareció un tiempo, la prensa especializada y SQP lanzaban teorías tan descabelladas como un escape al himalaya para convertirse en monje tibetano, como Cat Stevens, puesto que no se entregó ningún tipo de información respecto a su tratamiento. Dicha situación creó en Esperanza un gran sentimiento de angustia.

5 comentarios:

  1. y por fin el romance, por un lado quedé metida con la historia en algun momento me identifiqué y es que siempre uno tiene trancas con algunos temas...sobre todo con un tipo mayor que no tiene mayores responsabilidades mas que drogarse...de alguna forma lo llevamos en la sangres ese mal...me gusto es como me imagine cuando me contaste sobre este cuento.
    saludillos

    shaolín pirinpinpin

    ResponderEliminar
  2. volvio la julieta cuentista, tb veo que lograste lo de linux....ah como te dije, apenas se prender y apagar, buscar musica y llenarle de bicharracos los pc a mis amigos...sobre drexler tengo las ganas de dedicarle "mi guitarra y vos " a cierto personaje, pero la cambiaria a ...yo solo necesito dos... mi ipod y vos...pero creo que a ella no le gusta drexler..ah tampoco me pesca jajja
    saludos

    ResponderEliminar
  3. Me gustó este cuento..aunque lo encontré más oscuro que los otros (y harto más largo)...la wea de esperar la mayoría de edad freaky...como que siempre me han espantado un poco las diferencias de edad.-

    Cuídate.-

    ResponderEliminar
  4. Esa sigla cerca del final es como un momento de relajo después de algo más oscuro... Raro.

    Saludos.

    ResponderEliminar

Su comentario es mi sueldo.