Influencias

lunes, 3 de enero de 2011

[YELLOWCAKE - KAKI KING.MP3]



Era uno de aquellos días en los que me sentía muy cansada de vivir y me sentía culpable por no querer estar, por tener 24 años y sentir que mi vida hasta ahora ha sido un completo desperdicio, sin ningún sentido. Me sentía culpable por sentir que todas las cosas buenas que me han pasado han sido chispazos de felicidad, pero sin objetivo.

Cuando por fin logré levantarme de la cama, fui al baño, me miré al espejo y me dije a mi misma que tengo dos opciones:

1. Tomo esa hoja y me la paso por los brazos, aunque sea la estupidez más grande, pero quiero que duela con razón.

2. Me tomo las malditas pastillas, vivo bien por un rato, hago lo que tengo que hacer y cumplo todas las expectativas de los demás, hasta que me siento de nuevo a repasar mi vida, a mirarme a mi misma hacia adentro y darme cuenta una vez más de que no quiero seguir, de que estoy cansada, de que me siento sola, de que mi pecho nunca va a dejar de doler y nunca voy a saber la razón.

Entonces tomé la hoja de afeitar entre mis manos, pero no me la pasé por los brazos. Respiré profundo, saqué la mano y me la enterré en el pecho, con mucho miedo. Saqué mi corazón sangrando, palpitaba muy fuerte entre mis manos y le hice cariño. Le pedí perdón y le dije que lo sentía mucho, pero que yo no puedo tenerlo, que me hace daño.

Lo lancé por la ventana y dejó de doler, pero seguí sintiendo un gran vacío.

1 comentario:

  1. Ficción o realidad?-

    como sea...la verdad

    es que la razón nunca se sabe...

    porque quizás simplemente escapa a nuestra lógica...

    se escapa incluso de nuestra locura.

    Me gusto lo que escribiste.

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