miércoles, 22 de junio de 2005
domingo, 19 de junio de 2005
jueves, 16 de junio de 2005
miércoles, 15 de junio de 2005
martes, 14 de junio de 2005
CERRO
Me dirigí al cerro, hace tiempo que no había niebla en Santiago. Hace frío y meto mis manos a los bolsillos del abrigo, es como una película de los años 20. Cuando venía en el metro me sentí rara, sentí que necesitaba encontrar el camino a casa. No se por qué siempre pienso tanta wea si al final a nadie le importa lo que yo sienta. Subí hasta la cima y creo que me subió la presión y me caí en una escalera.
Me sentí huerfana, errante como todo en mi vida. Siento como si me hubiesen cortado un brazo o una pierna... algo me falta, tal vez me falta todo. Qué importa eso ahora. En eso pensaba ayer cuando me daba un baño de tina, con la cabeza bajo el agua, escuchando como caían las gotas de la llave mal cerrada. Del living escuché un noticiario con un conductor de acento español, un borracho cayó a la linea del metro.
El llegó antes. Me detesta, se le nota. Nunca me había tratado mal, pero filo. Ya la cagué, como siempre. Le dije hola por cortesía. Es un chanta de lo peor, pero yo también (irónico, verdad???). Siempre me criticó por ser irónica, no entendió que es mi forma de reírme de los problemas. Pero él nunca entiende nada, aunque le refriegue las cosas en la cara, es demasiado lento. No creo que ser irónica sea malo, es mejor que llorar o que gritar, por último divierte.
Le pasé el cuchillo que me robé de la cocina, pero primero se puso los guantes. No está ni ahí con ir a la cárcel por culpa de una weona como yo. Me bajó la pena y no lo puedo mirar a la cara mientras pone el maldito cuchillo en mi cuello, miro a cualquier parte, a la nada, al smog. Su mano retrocede y se dirige directo a mi pecho. Se me salen las lágrimas pero no lo miro, porque sé que si lo veo directo a los ojos me sentiré cansada, como si llegara de un largo viaje y volviera a casa.
Me sentí huerfana, errante como todo en mi vida. Siento como si me hubiesen cortado un brazo o una pierna... algo me falta, tal vez me falta todo. Qué importa eso ahora. En eso pensaba ayer cuando me daba un baño de tina, con la cabeza bajo el agua, escuchando como caían las gotas de la llave mal cerrada. Del living escuché un noticiario con un conductor de acento español, un borracho cayó a la linea del metro.
El llegó antes. Me detesta, se le nota. Nunca me había tratado mal, pero filo. Ya la cagué, como siempre. Le dije hola por cortesía. Es un chanta de lo peor, pero yo también (irónico, verdad???). Siempre me criticó por ser irónica, no entendió que es mi forma de reírme de los problemas. Pero él nunca entiende nada, aunque le refriegue las cosas en la cara, es demasiado lento. No creo que ser irónica sea malo, es mejor que llorar o que gritar, por último divierte.
Le pasé el cuchillo que me robé de la cocina, pero primero se puso los guantes. No está ni ahí con ir a la cárcel por culpa de una weona como yo. Me bajó la pena y no lo puedo mirar a la cara mientras pone el maldito cuchillo en mi cuello, miro a cualquier parte, a la nada, al smog. Su mano retrocede y se dirige directo a mi pecho. Se me salen las lágrimas pero no lo miro, porque sé que si lo veo directo a los ojos me sentiré cansada, como si llegara de un largo viaje y volviera a casa.
viernes, 3 de junio de 2005
jueves, 2 de junio de 2005
CAMINANDO POR LA CALLE
Hace frío en la Alameda y se me hizo de noche. Llevo las manos en los bolsillos de mis pantalones, una costumbre masculina que me caracteriza. Evito a la gente que camina en sentido contrario y me pega en los hombros, como si yo no existiera, pero no me extraña, a veces yo misma dudo de mi existencia.
Me apuro entre el comercio ambulante, los semáforos y el olor a fritanga de las sopaipillas. Estoy resfriada y congestionada, pero igual prendo un cigarro. Da lo mismo, cuando chica era asmática, ahora estoy más que resfriada y no puedo dejar de fumar, ¿Y como estoy? Como tuna…Nunca me ha pasado nada, hace años que no piso un hospital, tengo una salud de hierro. Supongo que la mala hierba nunca muere, ¿o sí…?
No le tengo susto ni al sida, si algún día me diagnostican una enfermedad catastrófica me pego un tiro y se acaba el webeo… ¿Para qué gastar una guata mensual en tratamiento médico si me voy a morir igual?...Filo, yo se que me faltan gramos pal kilo.
Paso por República y se me viene a la mente el grito de los 300 puntos, se me sale una risita maligna. Me gusta la oscuridad. Hay gente que dice que no me callo nunca, pero me carga que me pregunten en qué pienso cuando estoy callada, como si uno tuviera que estar pensando las 24 horas del día. Una se forma opiniones y convicciones para impresionar a huevones que quieren puro agarrarme el culo. Es apestoso vivir en función de parecer inteligente todo el tiempo. El silencio habla por sí solo, hasta es más agradable. No es necesario pensar todo el tiempo, a veces me gusta no pensar nada y quedarme callada, en blanco y negro…
En metro Estación Central paso por el lado del guanaco, no estoy ni ahí con que los pacos me agarren a palos en una protesta. Todo me da lo mismo, hace mucho rato que nada tiene sentido para mí. Todo es irreal, no pertenezco a ninguna parte, a nada ni a nadie. Donde vaya soy una forastera. Tal vez por eso aún estoy vivita y coleando, porque ya estoy muerta, solo que nadie se ha dado cuenta.
Me apuro entre el comercio ambulante, los semáforos y el olor a fritanga de las sopaipillas. Estoy resfriada y congestionada, pero igual prendo un cigarro. Da lo mismo, cuando chica era asmática, ahora estoy más que resfriada y no puedo dejar de fumar, ¿Y como estoy? Como tuna…Nunca me ha pasado nada, hace años que no piso un hospital, tengo una salud de hierro. Supongo que la mala hierba nunca muere, ¿o sí…?
No le tengo susto ni al sida, si algún día me diagnostican una enfermedad catastrófica me pego un tiro y se acaba el webeo… ¿Para qué gastar una guata mensual en tratamiento médico si me voy a morir igual?...Filo, yo se que me faltan gramos pal kilo.
Paso por República y se me viene a la mente el grito de los 300 puntos, se me sale una risita maligna. Me gusta la oscuridad. Hay gente que dice que no me callo nunca, pero me carga que me pregunten en qué pienso cuando estoy callada, como si uno tuviera que estar pensando las 24 horas del día. Una se forma opiniones y convicciones para impresionar a huevones que quieren puro agarrarme el culo. Es apestoso vivir en función de parecer inteligente todo el tiempo. El silencio habla por sí solo, hasta es más agradable. No es necesario pensar todo el tiempo, a veces me gusta no pensar nada y quedarme callada, en blanco y negro…
En metro Estación Central paso por el lado del guanaco, no estoy ni ahí con que los pacos me agarren a palos en una protesta. Todo me da lo mismo, hace mucho rato que nada tiene sentido para mí. Todo es irreal, no pertenezco a ninguna parte, a nada ni a nadie. Donde vaya soy una forastera. Tal vez por eso aún estoy vivita y coleando, porque ya estoy muerta, solo que nadie se ha dado cuenta.
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