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Podría tirarme flores y decir que resuelvo casos de gran envergadura con Interpol y que me levanto todos los días para salvar a mi país. La verdad es que atrapo puros patos malos y traficantes. El caso más importante que he resuelto en mi vida ha sido, CON CUEA, organizar allanamientos y una que otra redada, todavía no me tiro de un helicóptero como en las películas. De "Santiasco" lo que más conozco son las poblaciones conflictivas. Mi campo de acción es Plaza Italia hacia abajo, nada de "mundillo-Bilz&Pap-farandulero-high". Trabajo en la dura realidad, esa donde la gente hace malabares con 150 lucas para llegar a fin de mes, y donde otros se cansaron de ser pobres y se dedicaron al tráfico de Marihuana mezclada con caca de perro, Cocaína aumentada con talco y Pasta Base.
Suena emocionante y arriesgado, pero es así sólo cuando estoy en servicio. Mi vida de civil es tan monótona como la del común de los mortales. Solterona por decisión propia, no sirvo para estar en pareja, no me gusta que invadan mi espacio. Vivo en el 10º piso de un edificio, por razones de seguridad, nunca doy la dirección. No me gustan las tarjetas de crédito. Para mi, la palabra "Visa" significa "documento otorgado por una embajada para entrar a otro país" cuando para otros significa "sistema de crédito en cuotas emitido por una institución bancaria". Tengo chequera pero jamás la uso, no soporto las deudas.
Todos los días me levanto a las 6 en punto. Prendo el calefon y le doy comida al Aramis, mi mosquetero favorito. Me ducho, me visto y evito a toda costa mirarme al espejo. Prendo el televisor para escuchar las noticias, mientras le echo café a la taza y luego el azúcar. La apago cuando sale el Camiroaga hablando mil burradas por minuto.
A veces quiebro la rutina y echo primero el azúcar y después el café. Tomo mi cartera y corro por todo el departamento apagando luces y cortando el gas. A las 7:30 voy en el metro, leyendo el diario y comiendo un alfajor de tres capas.