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Te acordarás de mi cuando te levantes en la mañana y las luces estén apagadas, cuando te pasen el café y te des cuenta de que tiene azúcar, cuando llegues cansado de las pruebas y no me encuentres para que te haga un masaje; cuando nadie te acaricie el pelo y te de un beso a las 6 de la mañana y tú vayas por el 5º sueño; cuando veas televisión en tu cama y te des cuenta de que yo no estoy durmiendo al lado.
Me recordarás cuando pongas el departamento patas arriba y no encuentres ninguno de mis cds piratas con la música "rara" que tanto detestas y que - según tú - sólo la escucho yo y mis amigos que "son - todos - ashí - shuper - locos" y fuman como chimenea.
Cuando pases por Alameda, te acordarás de esa vez que ibamos caminando y nos encontramos con la marcha del Orgullo Gay. Dijiste que nunca habías estado en una manifestación y que la gente tonta sale a la calle a protestar. En ese momento te agarré del brazo y nos internamos entre la multitud. Te sorprendiste de que me encontrara con gente conocida y conversara como si nada. Aún me da risa la cara que pusiste cuando un travesti te agarró el poto. De ahí en adelante, nunca más juzgaste a nadie sin conocer sus razones.
Aunque te pese, me extrañarás cuando recuerdes la vez que te llevé al 777 y te hice probar el Terremoto. Casi se te cayó el pelo cuando te expliqué que ese trago se prepara con un vino de cuarto enjuague y que, para colmo, lo vendían ¡EN GARRAFA DE PLÁSTICO! (un "poquito" más rasca que el vino en caja), pero ya era tarde... te habías tomado como dos litros tú solo.
Al otro día tuve que correr contigo al hospital, porque el vino en garrafa plástica te dió alergia. No pude contener las carcajadas cuando el médico te preguntó si jalabas cocaína o si te habías inyectado una jeringa con sida. Me retó porque el asunto era grave y justo me dio ataque de risa, porque me acordé del correo cadena que advertía de las jeringas contaminadas en los asientos del cine y de tu frase para el bronce de la noche anterior: "esta weá es como tomar agua".
Estaba a punto de salir de la consulta y me agarraste a la mano, pidiéndome que me quedara. En ese mismo instante supe que no podía darte más tragos guachacas si no quiero engrosar las filas del Club de las Viudas antes de tiempo.
Me extrañarás porque sin mi tu vida es plana como la recta de una función lineal en una ecuación fácil. Sin mi, tu día consiste en levantarte, ir a clases, comer, estudiar, ver televisión, chatear y dormir; acá en Santiago, en Kansas o Buenos Aires... No puedes negar que sin mi, tu vida ya no tiene colores, sonidos, olores, formas y sabores.
Mira que yo también recordaré con cariño esa vez que nos quedamos botados en la playa y se murió la batería al estacionar el auto con las luces prendidas. Luego, vino un carabinero y me sacó un parte... olvidé por completo que no podía circular por ninguna parte con la revisión técnica vencida. Tú estabas indignado, me recriminaste que cómo podía ser TAN despistada. ¡QUÉ ME IMPORTABAN LOS MALDITOS PAPELES DEL AUTO, SI ESTABA EN LA PLAYA, CONTIGO!
Ahora no quieres verme nunca más, porque me odias y tienes todo el derecho, aunque sea por un error que no cometí - pues al recorrer esta ciudad, todas las calles te harán recordarme - pero no olvides que conmigo aprendiste a calmarte, que no todo tiene que ser perfecto para estar bien, que el día es para cumplir y la noche es para existir, entre otras cosas que no voy a mencionar, pero de las que te acuerdas con lujo de detalles.
Así como yo de ti aprendí a callar cuando corresponde, a escuchar y observar en vez de hablar como loro todo el rato, el valor de la prudencia y la discreción. Si quieres, odiame "doble", como dijiste, lo importante es que nunca me olvides y que nada ni nadie borre la luz de tu sonrisa.
* Esta historia es ficticia, cualquier relación con la realidad es sólo coincidencia.
Me recordarás cuando pongas el departamento patas arriba y no encuentres ninguno de mis cds piratas con la música "rara" que tanto detestas y que - según tú - sólo la escucho yo y mis amigos que "son - todos - ashí - shuper - locos" y fuman como chimenea.
Cuando pases por Alameda, te acordarás de esa vez que ibamos caminando y nos encontramos con la marcha del Orgullo Gay. Dijiste que nunca habías estado en una manifestación y que la gente tonta sale a la calle a protestar. En ese momento te agarré del brazo y nos internamos entre la multitud. Te sorprendiste de que me encontrara con gente conocida y conversara como si nada. Aún me da risa la cara que pusiste cuando un travesti te agarró el poto. De ahí en adelante, nunca más juzgaste a nadie sin conocer sus razones.
Aunque te pese, me extrañarás cuando recuerdes la vez que te llevé al 777 y te hice probar el Terremoto. Casi se te cayó el pelo cuando te expliqué que ese trago se prepara con un vino de cuarto enjuague y que, para colmo, lo vendían ¡EN GARRAFA DE PLÁSTICO! (un "poquito" más rasca que el vino en caja), pero ya era tarde... te habías tomado como dos litros tú solo.
Al otro día tuve que correr contigo al hospital, porque el vino en garrafa plástica te dió alergia. No pude contener las carcajadas cuando el médico te preguntó si jalabas cocaína o si te habías inyectado una jeringa con sida. Me retó porque el asunto era grave y justo me dio ataque de risa, porque me acordé del correo cadena que advertía de las jeringas contaminadas en los asientos del cine y de tu frase para el bronce de la noche anterior: "esta weá es como tomar agua".
Estaba a punto de salir de la consulta y me agarraste a la mano, pidiéndome que me quedara. En ese mismo instante supe que no podía darte más tragos guachacas si no quiero engrosar las filas del Club de las Viudas antes de tiempo.
Me extrañarás porque sin mi tu vida es plana como la recta de una función lineal en una ecuación fácil. Sin mi, tu día consiste en levantarte, ir a clases, comer, estudiar, ver televisión, chatear y dormir; acá en Santiago, en Kansas o Buenos Aires... No puedes negar que sin mi, tu vida ya no tiene colores, sonidos, olores, formas y sabores.
Mira que yo también recordaré con cariño esa vez que nos quedamos botados en la playa y se murió la batería al estacionar el auto con las luces prendidas. Luego, vino un carabinero y me sacó un parte... olvidé por completo que no podía circular por ninguna parte con la revisión técnica vencida. Tú estabas indignado, me recriminaste que cómo podía ser TAN despistada. ¡QUÉ ME IMPORTABAN LOS MALDITOS PAPELES DEL AUTO, SI ESTABA EN LA PLAYA, CONTIGO!
Ahora no quieres verme nunca más, porque me odias y tienes todo el derecho, aunque sea por un error que no cometí - pues al recorrer esta ciudad, todas las calles te harán recordarme - pero no olvides que conmigo aprendiste a calmarte, que no todo tiene que ser perfecto para estar bien, que el día es para cumplir y la noche es para existir, entre otras cosas que no voy a mencionar, pero de las que te acuerdas con lujo de detalles.
Así como yo de ti aprendí a callar cuando corresponde, a escuchar y observar en vez de hablar como loro todo el rato, el valor de la prudencia y la discreción. Si quieres, odiame "doble", como dijiste, lo importante es que nunca me olvides y que nada ni nadie borre la luz de tu sonrisa.
* Esta historia es ficticia, cualquier relación con la realidad es sólo coincidencia.

