Alguien me a dicho que la soledad
se esconde tras tus ojos,
y que tu blusa atora sentimientos, que respiras
tenes que comprender
que no puse tus miedos
donde están guardados,
y que no podré quitártelos
si al hacerlo me desgarras.
(Trátame Suavemente – Soda Stereo)
- ¿Rucia, qué te traigo?
- Mmm... Negra, hoy día tengo ganas de tomar cerveza.
- ¿Estai segura?
- Sí. Me aburrí tomar remedios.
Con esta aclaración, Cristina siguió escribiendo en su diario de vida, con un cigarro entre los dedos.
- ¡Cacha, ese es el protagonista de la teleserie del Canal 14! Comentaron unas adolescentes que pidieron una botella de pisco y en cambio, les llegó una de Coca Cola.
Cuando él entró, todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se dieron vuelta a mirarlo. De pronto los ojos de Cristina se encontraron con los suyos, frente a frente.
- ¿¿Guido??
- Cristina…
Los dos quedan en silencio.
- ¡Siéntate, no nos quedemos parados aquí!
- Nunca pensé que te encontraría acá.
- ¡Tanto tiempo ha pasado! ¿Cuánto? ¿Como doce años?
- Estás igual que cuando nos conocimos.
Las adolescentes se acercaron a Guido con unas servilletas y un lápiz pasta negro.
- Oye, ¿tú eres el protagonista de “Traición de Amor”? Preguntó una de ellas.
- Sí, soy yo… Respondió él, con timidez.
- ¡¿Viste, hueona?! ¡Yo te dije que era el “Alex Winter”! Exclamó la otra.
- Sorry, todavía no me acostumbro a esto, le dijo a Cristina, mientras firmaba los autógrafos. Ella sonríe por primera vez en tres semanas.
- Ninguna de mis amigas me cree que uno de mis ex es actor de teleseries.
- Bueno, entonces saquémonos una foto, para que tengas como probarlo, jajajaja.
- Jajajaja. He leído un par de entrevistas que te han hecho, te está yendo bien. ¿Qué te trae?
- Quise tomarme unos días libres antes de partir a España. Vendí mi departamento en Santiago y me pareció que el campo es un buen lugar para despedirme de este país.
- ¿A España? Que buena, ¿qué vas a hacer allá?
- Voy a Barcelona, a hacer un Master en Dirección Teatral y un Diplomado en Dramaturgia. Pero paso todo el día hablando de mi en los programas de farándula y ya estoy chato, qué cuentas tú…
- Bueno, lo típico… Después que me titulé, entré a trabajar, estuve en varios medios, pero con mi pareja siempre quisimos vivir fuera de Santiago y bueno, estamos acá y tengo un programa en una radio local.
- ¿Hace cuánto que estás con él?
- Con Daniel estoy hace casi 10 años ya… Sí, creo que 10 años.
- No es el mismo Daniel que… a ver… déjame recordar tus propias palabras… “un desgraciado infeliz de marca mayor que agarró tu corazón y lo metió en una maldita licuadora sin piedad”.
- Mucho me temo que es el mismo Daniel.
- No entiendo… Es lo más raro que he escuchado. Dijo Guido, sonriendo en su desconcierto.
- Digamos que son las vueltas de la vida… Respondió Cristina. Los dos quedan en silencio.
- Oye Rucia, no seai rota y preséntame a tu amigo… Interrumpió Rita.
- Rita, él es Guido, un viejo amigo y Guido, ella es Rita, una nueva amiga.
- Oye niño bonito, déjame decirte que en persona eres más estupendo que en la tele. Dijo Rita, tratando de tocar sus pectorales. ¿Qué quieres tomar?
- ¿Nos podrías traer unas Escudo? Preguntó él. Por los viejos tiempos. Le dijo a Cristina.
Durante todo ese rato conversaron de teatro, de la vida, de política, de cine. De pronto, la mirada de Guido quedó pegada en un punto fijo.
- ¿Estás bien? Preguntó Cristina.
- Sí, es que… chuta… Me estaba acordando de cuando nos conocimos. Fue en un lugar como este, era septiembre y yo estaba celebrando mi cumpleaños con unos primos. Tú estabas con unos amigos y subiste al escenario, porque había karaoke y cantaste una canción de la Cristina y los Subterráneos.
- Estaba bastante borracha…
- Sí. Recuerdo que me acerqué a tu mesa y te pedí el teléfono, me preguntaste si tenía cigarros.
- Pero no tenías, porque no fumabas.
- Claro, entonces fui y te compré una cajetilla.
- Si me acuerdo.
- Aún así no me quisiste dar tu número, pero esa noche estabas tan borracha que te llevé a tu casa. Tú mamá estaba tan agradecida que me dio desayuno, porque ya había amanecido.
- Salimos ese mismo día. Me invitaste a ver una obra que se llamaba algo así como “No seré feliz, pero tengo marido”.
- Y cada vez que te reías, te dolía la cabeza, porque estabas con la caña, jajaja.
- Jajajaja. Mi mamá estaba feliz contigo, decía que eras un niño decente y bien educado, jajajaja.
- Claro, tu hermano Joaquín decía que yo era maricón, porque estudiaba Teatro ¿Qué es de él?
- Está en la Fuerza Aérea, es piloto.
- Y tu papá no me pescaba, ¿te acordai?
- Mi papá no pesca a nadie que trate de quitarle a “su niñita”. Aclaró Cristina. Tengo bonitos recuerdos de esa época.
- Yo también. (Silencio) Recuerdo que en ese tiempo eras candidata a la federación de tu universidad, y yo te ayudé a pegar carteles en tu facultad. Pegamos unos cien…
- Terminamos después de las elecciones.
- Corrección: tú terminaste conmigo.
- Lo siento.
- No importa.
- Duramos cuánto… ¿Cómo tres meses?
- Sí, más o menos.
- Debo decir que de ti me gustaba que siempre me seguías la corriente en mis locuras.
Suena un celular. Es de Cristina. Lo saca de su cartera y lo apaga al ver que la está llamando Daniel.
- ¿Ya tienes que irte? Preguntó Guido.
- No… O sea, sí. Pero es una larga historia y de verdad que no tengo ganas de hablar de eso.
- Ok…
- ¿Qué hora es?
- Son como las cuatro, ¿por qué?
- Tengo ganas de ir a la playa.
- ¿Ahora?
- Si po’, ahora.
- No puedes manejar, estai arriba de la pelota.
- Entonces maneja tú. Toma. Ahí están las llaves de mi auto.
- Sigues siendo la misma loca de siempre… Ya, vamos.
Daniel estaba parado en la entrada del Terminal de Buses con su mochila cuando vio pasar el auto de Cristina, conducido por un hombre al que no le pudo distinguir la cara. Ella iba de copiloto y comprendió perfectamente porqué apagó el teléfono cuando la llamó para que lo fuera a buscar.
Llegaron a Pichilemu con los primeros rayos del sol en la carretera, aunque en la playa estaba nublado. Cristina se bajó del auto y parte corriendo al agua mientras se va sacando los zapatos.
Guido se sacó la polera y la siguió. El agua le caló los huesos y corría viento, pero estaba preocupado, porque ella aún estaba bajo los efectos del alcohol, la marea estaba alta y Cristi se adentraba demasiado en las olas. Además, ella misma le gritó que la siguiera, desde la orilla.
Los dos salieron congelados y se recostaron en la arena. De su cartera, Cristina sacó unos pitos de Marihuana que se fumaron mientras se secaban al sol.
- Algo me dice que la soledad se esconde tras tus ojos, Cristi.
Ella le contó los problemas que estaba teniendo con Daniel, que tiene miedo de que él quiera terminar, que su madre la quería llevar a un psiquiatra para doparla con pastillas, que estaba cansada de sentir que tenía a más de dos personas viviendo en una sola cabeza y que más encima se sintieran con derecho a opinar acerca de todas sus acciones.
- Tal vez, la solución a tu problema está más cerca de lo que crees.
- Cómo así…
- Para mí, nada es casualidad, Cristina.
- Yo tenía que venir a este lugar por alguna razón. Estaba escrito, y tiene mucho sentido.
- Guido, yo…
- Yo siempre me he preguntado qué habría pasado si nunca hubieses terminado conmigo, si yo hubiese sido menos llorón y más jugado, si…
- Noooo, para… Por favor no te hagas eso. Lo que pasa es que yo terminé contigo de un día para otro, así de la nada, entonces tú te quedaste con la bala pasada y con la sensación de que habría resultado, pero no.
- Tú naciste para ver el mundo y estás encerrada en ese pueblo, en ese mundo tan chico… ¡Vámonos juntos a Barcelona, Cristina! Mira, yo me encargo de todo, de los papeles, de la plata, de la visa… Tú sólo tienes que decirme que sí.
- Es una locura…
- ¿Y qué? A ti siempre te ha gustado hacer locuras… Cristina. Este no es tu lugar. Le dijo agarrándola de los hombros. Eras tremenda escritora, no sé si lo seguirás haciendo todavía, pero tenías talento. Imagínate, podríamos montar una obra, tú podrías escribirla y yo, dirigirla, no sé… Pasar el 14 de febrero en París, yo sé que odias con toda tu alma esa fecha, pero te prometo convertirlo en un día romántico… Además, tú siempre quisiste conocer París.
- No creo que sea una buena idea… No sé si soy capaz de hacerle algo así a Daniel, yo no…
- Bueno, él puede verlo como una cuestión de justicia… Sí, justicia. Él ha tenido tres oportunidades para estar contigo y hacerte feliz. Yo sólo te estoy pidiendo una.
- No, Guido. No lo voy a hacer.
- Piénsalo, Cristina… ¡Yo no soy el que puso tus miedos donde están guardados!
De vuelta, maneja Cristina y Guido saca fotos con su celular de última generación. En la radio suena un tema de La Ley, ella sube el volumen y los dos cantan.
Desalentada estas cuando te miras
sientes que el tiempo que corre no da perdón
te carcome...
Ya no es como el ayer
cuando brillaba toda tu inocencia
eras un puro buscador de placer, pureza que no sabe.
Cuando al fin la luz te llama
Abandonas... tu palpitar
Cuando vuele con mis alas, volare hacia ti
El corazón duerme ahora
tu ya te vas y dejas solo aquí una memoria
grabados del ayer, que te recuerdan que algún día fuiste
solo uno mas de los que están aquí, los prisioneros de la piel
Cuando al fin la luz te llaaaaaaaaaaaaamaaaaaaaaaaa...
abandoooooonaaaaaaas tu palpitaaaaaaar...
te asimilas con el vientooooo
que te lleva al nacimiento
cuando vuele con mis alas volare hacia ti
Cuando quede mi memoria...
Cuando vuele con mis alas, volare hacia ti...
Cristina enciende un cigarro y abre la ventana. El fin de semana terminó.
- Me voy mañana, así que todavía estás a tiempo de arrepentirte. Le dijo Guido, cuando llegaron al Hotel del Vino.
- Mira, yo te agradezco todo lo que tratas de hacer por mí. Fuiste un excelente pololo y si alguna vez te hice daño o te hice sufrir te pido perdón, pero yo ahora estoy con una persona que CREO que me quiere, pero por lo menos no me pega, ni me maltrata, ni anda con otras mujeres…
- Cristi, para hacerte daño no es necesario que te haga todo eso. Basta con ignorarte.
Ella lo abraza y llora.
- ¿Tú crees que Daniel me quiera?
- Yo creo que Daniel tendría que ser idiota para no quererte.
- Gracias… No sabes la falta que me hacía tener un amigo.
viernes, 2 de octubre de 2009
TRÁTAME SUAVEMENTE - SODA STEREO.MP3
domingo, 30 de agosto de 2009
DOING THE WRONG THING - KAKI KING.MP3
Toda mi vida me he caracterizado por cumplir con aquellas obligaciones que son básicas en la vida: saqué buenas notas en el colegio, entré a la universidad, tengo una buena relación con la gente que me rodea... A pesar de algunos tropiezos, mis mayores piensan que soy una persona madura, sensata y correcta.
A pesar de todos los malos pronósticos, estoy con la persona que yo ESCOGÍ, no con la persona que ME CAYÓ O ME PESCÓ (no sé si se entiende la kilométrica diferencia). Sin embargo, siento que toda mi vida he tenido la tendencia a relacionarme con hombres demasiado ensimismados y egoístas.
A ver, me explico... No me puedo quejar, malos pololos no he tenido, pero siempre he sentido que justo me involucro sentimentalmente con hombres con los cuales NO PUEDO CONTAR.
Hace años, cuando tuve una gran depresión no tenía a nadie que me contuviera, que me diera un abrazo, aún sin saber qué decirme para hacerme sentir mejor, para ayudarme a salir de ese hoyo. Mi familia y mis amigos hicieron todo lo posible por ayudarme, pero en el ítem "pareja" nunca encontré comprensión, y en varios casos, ni siquiera cariño (pero no los culpo para nada, en realidad me pongo en el lugar de ellos y en realidad creo que yo también habría pensado "mmm... esta mina depresiva es un cacho").
Curiosamente ahora estoy al otro lado de la vereda, ahora soy yo la que tiene que comprender, contener y por supuesto, ARMARME DE UNA PACIENCIA INFINITA. No me molesta para nada ese lugar.
Pero mi inseguridad siempre es mi peor enemigo y me hace pensar que si bien yo estoy dispuesta a hacer muchos sacrificios por el bien de mi relación, más que mal, es la más importante de mi vida y quiero que resulte.
Aquel viejo enemigo interno mío, llamado "inseguridad" me mete cosas en la cabeza como:
- "Claro, estás dispuesta a darlo todo por esta persona, pero si eres tú la que comete un error, por mínimo que sea, vas a ir a parar derechito a la hoguera".
- "¿Para qué sacrificarte, si él no está dispuesto a jugársela por ti?"
- "¿Para qué te preocupas tanto, si él está feliz de la vida haciendo sus cosas y no te necesita PARA NADA?"
- "Acéptalo, no te quiere y nunca te va a querer"
- "¿Por qué tienes que comprender, contener y tenerle un kilo de paciencia si cuando tú estuviste mal, él nunca estuvo ahí para comprender, contener y tenerte un kilo de paciencia? Además, si vuelves a recaer en tus andanzas depresivas de antaño, te va a salir con el pastel de que le da miedo una relación estable contigo"
Y así puedo seguir toda la noche... El gran problema es que de verdad no tengo motivos reales para pensar de esa forma, tampoco sé si sea buena idea conversarlo. Yo sé que estas frases son producto de mi imaginación, y que si no las tomo en cuenta, no tendría que pasar nada.
Sin embargo, ahí están persiguiéndome las 24 horas del día y ahí es cuando lloro abrazada a la almohada, sin saber qué hacer, porque como esta vez soy yo la que tiene que ser fuerte, creo que no me puedo dar el lujo de exponer mi problema así tan abiertamente, porque ni siquiera sé como plantearlo sin ser malinterpretada y me siento SOLA. Como en todas mis relaciones, otra vez estoy comenzando a pensar que ESTOY SOLA, PERO AL LADO DE ALGUIEN.
Lo peor de todo, es que si me trago todo esto, seré otra vez la propia "saboteadora" de mi relación, pero siento que si lo hablo, también estaré incurriendo en la misma falta.
A pesar de todos los malos pronósticos, estoy con la persona que yo ESCOGÍ, no con la persona que ME CAYÓ O ME PESCÓ (no sé si se entiende la kilométrica diferencia). Sin embargo, siento que toda mi vida he tenido la tendencia a relacionarme con hombres demasiado ensimismados y egoístas.
A ver, me explico... No me puedo quejar, malos pololos no he tenido, pero siempre he sentido que justo me involucro sentimentalmente con hombres con los cuales NO PUEDO CONTAR.
Hace años, cuando tuve una gran depresión no tenía a nadie que me contuviera, que me diera un abrazo, aún sin saber qué decirme para hacerme sentir mejor, para ayudarme a salir de ese hoyo. Mi familia y mis amigos hicieron todo lo posible por ayudarme, pero en el ítem "pareja" nunca encontré comprensión, y en varios casos, ni siquiera cariño (pero no los culpo para nada, en realidad me pongo en el lugar de ellos y en realidad creo que yo también habría pensado "mmm... esta mina depresiva es un cacho").
Curiosamente ahora estoy al otro lado de la vereda, ahora soy yo la que tiene que comprender, contener y por supuesto, ARMARME DE UNA PACIENCIA INFINITA. No me molesta para nada ese lugar.
Pero mi inseguridad siempre es mi peor enemigo y me hace pensar que si bien yo estoy dispuesta a hacer muchos sacrificios por el bien de mi relación, más que mal, es la más importante de mi vida y quiero que resulte.
Aquel viejo enemigo interno mío, llamado "inseguridad" me mete cosas en la cabeza como:
- "Claro, estás dispuesta a darlo todo por esta persona, pero si eres tú la que comete un error, por mínimo que sea, vas a ir a parar derechito a la hoguera".
- "¿Para qué sacrificarte, si él no está dispuesto a jugársela por ti?"
- "¿Para qué te preocupas tanto, si él está feliz de la vida haciendo sus cosas y no te necesita PARA NADA?"
- "Acéptalo, no te quiere y nunca te va a querer"
- "¿Por qué tienes que comprender, contener y tenerle un kilo de paciencia si cuando tú estuviste mal, él nunca estuvo ahí para comprender, contener y tenerte un kilo de paciencia? Además, si vuelves a recaer en tus andanzas depresivas de antaño, te va a salir con el pastel de que le da miedo una relación estable contigo"
Y así puedo seguir toda la noche... El gran problema es que de verdad no tengo motivos reales para pensar de esa forma, tampoco sé si sea buena idea conversarlo. Yo sé que estas frases son producto de mi imaginación, y que si no las tomo en cuenta, no tendría que pasar nada.
Sin embargo, ahí están persiguiéndome las 24 horas del día y ahí es cuando lloro abrazada a la almohada, sin saber qué hacer, porque como esta vez soy yo la que tiene que ser fuerte, creo que no me puedo dar el lujo de exponer mi problema así tan abiertamente, porque ni siquiera sé como plantearlo sin ser malinterpretada y me siento SOLA. Como en todas mis relaciones, otra vez estoy comenzando a pensar que ESTOY SOLA, PERO AL LADO DE ALGUIEN.
Lo peor de todo, es que si me trago todo esto, seré otra vez la propia "saboteadora" de mi relación, pero siento que si lo hablo, también estaré incurriendo en la misma falta.
sábado, 8 de agosto de 2009
VERSUS - TWO CENTS PLUS TAX (1998)

- Atomic Kid
- Dumb Fun
- Never be OK
- Morning Glory
- Radar Follows You
- Underground

- Spastic Reaction
- Crazy Maker
- Jack & Jill
- Mouth of Heaven
MySpace: www.myspace.com/versusnyc
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