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martes, 6 de mayo de 2014

Carta para Agnes

Algun lugar del mundo, 20 de diciembre de 2314

[Tokka – Agnes Obel.mp3]

¡Hola Agnes !

Espero que te encuentres bien. Cuando recibas esta carta, imagino que ya habrás escuchado que renuncié a ser la emperatriz del gobierno planetario y que destruì el Palacio de Cristal. Mucha gente pensará que estoy loca, pero lo hice porque de esa forma nadie podrá apropiarse de él para autoproclamarse rey o emperador totalitario de lo que sea.
De ahora en adelante, la gente de este planeta podra gobernarse como mejor le parezca y de todos modos, ya no es asunto mio. El ministro Edelstam estuvo de acuerdo conmigo y me dio todo su apoyo. Al fin de cuentas, él es lo mas cercano que siempre tuve a un padre de verdad,

Llevo dos meses viviendo en una reserva, no puedo decirte donde porque no quiero ser encontrada. Te puede parecer un poco paranoicom pero esta carta podría ser interceptada antes de llegar a tus manos.
Traje una mochila de montaña con un poco de ropa, una carpa, unos libros de Oscar Wild y Virginia Woolf que encontré en los antiguos aposentos de mi madre y unos cuantos kilos de arroz. Espero que con eso me alcance mientras aprendo a alimentarme de frutos, bayas y plantas salvajes.

Llegué aquí haciendo auto-stop, y como siempre, me resulto divertido que la gente no se diera cuenta de que soy Elinor Videla. Me interné en el bosque y acampé unos dias cerca del río. Creo que no había ni un alma a cinco kilometros a la redonda, me atreveria a decir que más. Seguí mi camino hasta que encontré una cabaña de madera abandonada en muy mal estado, pero me sirve de refugio para el frío. En las noches la temperatura baja de manera muy brusca, Además, encontré una lampara de aceite y gracias a ella puedo escribirte esta carta.

¿Sabes ? Mi padre siempre me decía que si seguía con mis ideas y mi carácter en algún momento me iba a quedar sola, pero no lo lamento para nada. Después de pasar 25 años en el seno de una familia esquizofrénica, prefiero estar sola el resto de mi vida en este lugar, sintiendo el olor de las flores y de las hierbas, escuchando a los animales, el ruido del agua que baja por el rio y los latidos de mi corazon que seguir soportando los caprichos post mortem de un abuelo hipócrita.

No extraño para nada la rigidez de las reglas del palacio y de la familia imperial, ni las conspiraciones de Birjit Van Der Vogen para casarme con su hermano y asi continuar « la obra » y el negocio de su querido suegro, ni las burlas de mis primas, ni las órdenes de mi padre, ni los castigos del obispo Cienfuegos.

Sé que esta mal pensar asi, pero no siento pena ni verguenza, ni una sola gota de arrepentiemiento por haber matado a Holger. Sé que uno no debe tener este tipo de pensamientos, pero no puedo evitar pensar que es lo más valiente que he hecho en toda mi vida. Su muerte ni siquiera me causa compasión, al contrario, a veces me pregunto por qué no lo hice antes, por qué soporté tanto, por qué siempre permiti que hiciera lo que quisiera... Supongo que nunca encontraré la respuesta.


A veces tengo ganas de quedarme en este lugar para siempre, incluso creo que podría morir contemplando los rayos de sol que atraviesan las ramas de los árboles antes de entrar por mi ventana. Nunca en mi vida había visto algo tan hermoso…

Si escribo esta carta es porque tenia ganas de decirte que eres una de las personas más increibles que he conocido y tenerte como amiga es algo que me hace muy feliz. Si tuviera una hermana, me gustaría que ella fuera como tú. Me hiciste comprender tantas cosas sobre el mundo y sobre mí misma que gracias a todo lo que me mostraste decidí vivir mi vida como yo quiero y no como otros esperan que lo haga. Por eso siempre te estaré agradecida, siempre te tendré en mi corazón.

Mi nuevo amigo debe llamar tu atención… Su nombre es Teodoro y si quieres mandarme una respuesta, no es necesario que le des indicaciones, él es una lechuza muy inteligente y sabrá perfectamente lo que tiene que hacer.

Le mando un gran abrazo a todos en el barco, diles que siempre recuerdo con mucho cariño todo lo que hicieron por mi y por Elven. Sé que no necesitas mis consejos, pero por favor cuidate del frio del polo norte. Espero que nos encontremos pronto en una nueva aventura y así poder darte un abrazo.


Elinor


viernes, 29 de junio de 2012

Philharmonics - Agnes Obel.mp3



El anciano Alberto viajó desde muy lejos para encontrar a su hija, desaparecida hace ya muchos años. Haciendo caso omiso a los consejos de su médico, gastó todos sus ahorros en tickets de avión y detectives privados, sin ningún resultado.

Un día las pistas lo llevaron a Islandia. La policía le indicó sobre una extranjera que vivía hace algunos años en las montañas y cuya descripción era similar a la de su pariente. Alberto se lamentó de que esta no era la primera vez que lograba saber algo de Inés, pero siempre que estaba cerca de alcanzarla, ella desaparecía con el viento.

"Hay gente que simplemente no quiere ser encontrada", le comentó el policía en un perfecto inglés, pero sin una mínima cuota de empatía por el anciano que recorría el mundo buscando a su primogénita desaparecida hace más de diez años.

El comentario le hizo desconfiar de los investigadores y decidió buscar por sí mismo. Después de unos días y con la ayuda de un guía local, llegó al lago más importante del país, pero también el más solitario. La leyenda decía que en ese lugar, las personas que no han sido buenas en su vida pueden ver el reflejo de sus peores pesadillas. Pero él siempre se jactó de no creer en ese tipo de estupideces, él era un científico, o al menos quizo serlo alguna vez.

Se quedó a pasar la noche en medio de unos árboles cuando creyó escuchar unos sonidos en la nieve. No podía creer que sus ojos estuvieran viendo a Inés de 19 años, cuando debería tener más de treinta. Parecía estar amarrándose los cordones de sus zapatos.

- ¡INÉS, HIJA TE ENCONTRÉ! -Gritó el viejo, emocionado, sin darse cuenta de que ella en realidad tenía una piedra atada con un cordel a su tobillo derecho.

La chica se puso de pie y lo quedó mirando fijo, pero su rostro permaneció incólume y su boca permaneció cerrada como una tumba.

Alberto intentó aproximarse, sin poder contener su alegría, pensaba que estaba soñando. Cuando estaba a un milímetro de tocar el brazo de Inés, ella saltó al agua y comenzó a perderse en las profundidades del lago. Él pensó en saltar a rescatarla, pero luego de unos segundos su cuerpo había desaparecido por completo.

A la semana siguiente, el viejo volvió a la ciudad y no le dio importancia a su pesadilla. Cuando llegó al edificio de la policía, uno de los funcionarios le informó que habían encontrado unos restos óseos en la zona más inhóspita del país y según los documentos encontrados y el informe forense indicaron que se trataba de Inés. Según el documento, la causa de muerte fue asfixia por inmersión.